Por Ed. Martín Herrera
Un sitio Web se nutre principalmente de contenidos, ya sean textos, imágenes, videos, sonidos o animaciones. Sin una actualización periódica, planeada y consistente con la identidad de la empresa, sus productos y servicios, los sitios corporativos se transforman en plataformas estáticas, rígidas, reiterativas y desactualizadas, que se fosilizan y dejan de captar el interés de los usuarios y, por ende, el número de visitas desciende a niveles cercanos al cero. De esta forma, se pierde el objetivo inicial: que una empresa, marca o servicio se consolide y amplíe su captación de clientes a través de los recursos de Internet.
Generalmente, el problema radica en que las empresas ponen todas sus energías en crear y diseñar un sitio Web, y no en mantener, ampliar y profundizarlo. Ambos grupos de tareas son importantes y deben estar estrechamente relacionados al inicio del proyecto para que éste sea exitoso. Así, ocurre que las empresas en determinado momento advierten que sus sitios perdieron actualidad y rozan lo obsoleto. Lo que seguramente ocurrirá es que las tareas de generación, edición y actualización de contenidos recaerán sobre empleados no especializados que de pronto deben hacerse cargo de labores para las que no están capacitados y, fundamentalmente, no disponen del tiempo necesario para realizarlo en detalle.